
Por mi pueblo y por mi casa,
solo se necesita una cosa,
para contar una historia,
que se me venga a la memoria.
Hubo una vez un par de dos,
que se encontraron un día,
y en mirándose con fruición,
oyeron una dulce melodía.
La música les envolvió,
como antes no sucedía,
Y sin mucho que pensar,
les enloqueció lo que oían .
Juntaron sus pretensiones,
que no eran grandes ni muchas,
Se cantaron sus canciones,
Y hablaron de sus luchas.
Y decidieron iniciar el camino,
y tomados de las manos,
trenzaron sus dedos,
y emprendieron su destino.
Iniciaron su pequeña fortuna,
haciendo un inventario chiquillo,
charola giratoria solo una,
y de mantequilla un cuchillo.
Con los años no se incrementaba,
y después de contar mucho,
se volvía a cantar la tonada:
Charola y cuchillo y lo demás, no escucho.
Por fin la boda se hizo sin recoveco
Se escogió Iglesia y padrino
Ella se hizo se un vestido,
y a él ,le regalaron un chaleco.
Como en los antiguos cuentos,
así se continuó la historia,
Al año una niña llegó con el viento,
para continuar la memoria.
Un varón después quizo el destino,
Y del cielo lo bajo,
para empatar el camino,
y como Roberto lo nombró.
Y así continuó él trayecto
La vida llena de notas
Unas lindas, otras rotas
Entre Martha y Roberto.
Asi fue como se casaron,
y con Adriana y Roberto
Su estirpe iniciaron,
sobre un futuro algo incierto.
Más tarde los hados
dispusieron,
de Roberto la suerte,
y así ellos quisieron,
llevarlo hasta la muerte .
Soportando el dolor, sin inquina,
nos convencimos al final,
que era la voluntad divina,
la que disponía lo fatal.
Nos lo prestaron un buen tiempo.
Él aquí ,se divirtió cuanto quiso.
No era de este mundo, yo siento,
estuvo con nosotros con permiso.
Como personajes de esta historieta,
Que cuenta los avatares,
de una bella mujer pispireta,
y de un aprendiz de cantares.
Siempre tomados de las manos
Me escape de esta realidad un día,
y ella siempre, buscándome sano,
mañana, tarde y noche me seguía.
Tanto persistió, buscando mi vuelta,
que no se rindió nunca , con la ciencia
con Dios y siempre bien resuelta,
al fin lo logró ,con gran paciencia.
Después de este trance fortuito,
Se terminaron los problemas
Después de todo,al fin regresé contrito
Completamente sano y sin secuelas.
Esta historia aún no se ha acabado
Continuarán otros episodios
Gracias a Dios este cuento inacabado
Tendrá otros actos transitorios.
Con setenta y seis años a cuestas
Y mucho trecho recorrido
Cansado de los giros y las vueltas
Agradecido de los dones y el sentido
De todo en esta vida he recorrido,
Países, placeres ,pesares y paisajes.
Tanto así que dos veces he nacido,
lo afirmó y lo pruebo sin ambages
Por lo pronto todavía,
seguimos como ayer,
desde hace cincuenta años,
Acumulando puntos,
caminando y tomados
de las manos , juntos.
Roberto Villarreal Vallin