A UN GENERAL

Cuando ya no puedas de su cara contar sus arrugas.

Cuando ya hayas oído mil veces, sus relatos repetidos.

Cuando escuches apenas recitar a Dios sus plugas.

Cuando ya te canses de contar, sus pasos sin sonidos.

Cuando lo veas con la cara al cielo mirando las estrellas,

y escurriendo sus lágrimas sobre sus secas mejillas,

Recordando las románticas escenas de “sus bellas”.

O rogando por las cuitas y sus pesares, de rodillas.

Cuando trate de darte sus consejos sobré sus dolencias

Y te expliqué los remedios de su rancho para cólicos y reumas

Y expliqué cómo se ordeñan distinto cabras y vacas a conciencia

Y del campo sus pequeños trucos y sus temas te resuma

Otras veces te contara las artes, con que conquistó a la Abuela,

cuantas canciones cantó y poemas compuso para halagarla,

cuantas suertes charras realizó ,sin aprenderlas en la escuela,

y como se esforzó, para que ella si fijara en él y poder mimarla.

Escucha de su boca una y otra vez sus faenas , tareas y hazañas,

y déjale soñar y pensar que todo lo que hizo y deshizo, lo hizo bien.

Y que nada de lo que te diga será falso ,mentira o patrañas,

y todo lo que te cuente hecho por un hombre solo ,lo hubieran hecho cien.

Recuerda con él sus travesuras , sus trabajos,sus esfuerzos y sacrificios.

Recuerda con él sus logros, sus méritos,sus operaciones y cirugías.

Deja que te diga como obtuvo sus ascensos y sus variados oficios.

Deja que te vuelva a contar como la milicia fastidió sus noches y sus días.

Siempre que puedas solicita de sus años su experiencia y sus consejos,

y hazle conocer , lo necesario que resulta su participación.

Como te sirven todas sus anécdotas y sus accidentes desde lejos,

y convéncelo de lo útil que será para él, volver a entrar en acción.

Cuando cierre sus ojos por la tarde y bien tapado vea la televisión,

extiende la frazada que lo cubre, apaga el aparato y déjale dormir.

Permítele que descanse , y que regrese a sus sueños de ilusión.

Cuando oigas sus ronquidos, sabrás que ya está listo para partir.

Cuando sus ojos se cierren y su corazón se niegue a caminar,

llévalo a un sitio tranquilo, cruza sus brazos y entrégalo a la tierra.

Vístelo con su uniforme de gala, que de mucho gusto verlo pasar.

Retrata su rostro en tu memoria, recuerda su enseñanza y dile! Gracias Papá!

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