HISTORIA DE AMOR

LA HISTORIA COMIENZA

-¿Ya te vas?  -No, lo que pasa es que no he podido dormir, he dado vueltas toda la noche.

Me duele mucho el brazo. -¿Cual brazo te duele ? El izquierdo.! Roberto vámonos al hospital, vístete con unos pants y vámonos  apúrate y vámonos!

A las tres de la mañana, sin ningún tránsito, Martha manejaba nerviosa, mientras hablaba por teléfono al hospital, indicando que necesitaba un cardiólogo porque llevaba un paciente con síntomas de infarto. – ? Cual infarto ? -Interrumpió Roberto 

El dolor se continuó incrementando, me dolía todo el brazo izquierdo,  y crecía la indisposición estomacal ,, pero a medida que avanzábamos hacia el hospital, en donde ya nos esperaban. Llegamos mas rápido  que nunca, haciendo unos cuantos minutos desde Coyoacán hasta Tlalpan.

Al llegar a urgencias ya nos esperaban   me pasaron a una camilla  y me pusieron una bata, mientras Martha hacia los papeles de entrada al hospital.

Tomaron la presión, e hicieron un electro cardiograma, y me pusieron un suero en el brazo derecho para infundirme medicamentos. 

Unos minutos después llego el doctor quien al ver los resultados de los exámenes ordenó llevarme al quirófano, Martha siguió la camilla hasta que esta se perdió en el fondo del pasillo- ahora lo vamos componer Don Roberto – dijo el médico.

-¿Me va abrir, Doctor? Pregunte- No,vamos a hacerle un agujero en el cuello, para entrar por la carótida, con una guía para llegar hasta el problema, tenemos que detener el infarto afirmó. Pero mejor ya no hable, porque se excita. 

Mientras tanto Martha arreglaba los papeles del seguro, ya había hablado con los hermanos de Roberto, Jaime y Araceli, que ya venían en camino.

Llegaron Araceli y Juan su esposo, quienes indagaron sobre lo que había pasado, Martha nerviosa, les relató lo sucedido, mientras llegaron Jaime y Dora su esposa.

Apenas unas horas y unos minutos después, que se les hicieron eternos a todos, llego un ayudante del Doctor Peña Duque, quien informó a todos, que todo estaba en orden, que entrando por el cuello a la carótida  me habían colocado tres stens, que son unos pequeños tubitos, que se expanden dentro de las arterias y hacen que la sangre fluya sin problemas.

Del quirófano me pasaron a recuperación y de ahí al cuarto,  unas horas  después en donde ya estaban esperando mis hermanos, sus esposas y Martha,mientras Jaime, Dora y Araceli fumaban.

No recuerdo bien pero creo que tenía mucho sueño, así es que los salude y me quede

dormido, cerca de las cinco de la mañana, creo que dormí todo el día.

El tiempo transcurrió lento, como que por eso se llaman pacientes a los convalecientes, que se recuperan , o  esperan recobrar la anhelada salud, mis pensamientos daban vuelta al derredor de mis expectativas para el futuro, pues tenía en ese momento un trabajo que me ocupaba medio tiempo, y yo estaba a gusto con el, ya que hacía lo que; sabia hacer y lo hacía bien, sin embargo estaba faltando y no sabía a ciencia cierta, cuando regresaría a trabajar.

Por mi cabeza rondaban muchas ideas, a cerca de mis reales posibilidades de seguir trabajando, y de lo incierto de mi total recuperación , aunque los galenos aseguraban, que  estaría mejor que antes y estaría sano, mas que antes.

YA ES HORA DE RETIRARSE

Me preocupaba un poco mi trabajo, cuando me empezó  a subir la temperatura y me ocurrió un shock que me mantuvo por un buen rato en mal estado, a mi hermano que en ese momento me acompañaba le toco  a él estar presente, durante mis peores momentos.  Realmente me sentí mal , tanto así que creí que de veras me  moríria en ese momento. 

Lo único que se me ocurrió , fue decirle a Jaime, te encargo a mi familia , yo pienso que ahora si ya me tocó , me siento muy,  muy mal ,todo me daba vueltas y sentía un calor horrible, que me invadía y me hacía temblar , y sudaba por todos los poros de mi cuerpo.

Mi hermano dio la voz de alarma gritando por el pasillo requiriendo asistencia y en ese momento llegaron médicos y enfermeras de todas partes, me llevaron de nuevo en una camilla a terapia intensiva y mis parientes me vieron salir de nuevo  y luego volver , varios días después una vez que fui estabilizado.

Tiempo después, caí en la cuenta, de que este incidente bien pudo haber sido el inicio de lo que sería casi un año y medio después el origen de mis problemas cerebrales, estos llegarían más tarde.

No se ni como pues Martha había bajado a comer, y mi hermano la recibió  con un semblante cetrino, diciéndoles lo que me había pasado, a ella y a la esposa de mi sobrino Juanito, Marilú que también es médico.

Me sacaron del shock y me estabilizaron  pero también me contagiaron con una neumonía nosocomial que había yo adquirido ahí en el hospital, cuando mis defensas se hallaban mas bajas y el bicho de la neumonía encontraba un organismo atractivo para alojarse. Unas semanas  después salí de terapia intensiva, en donde Martha estuvo a mi lado todo el tiempo, inclusive se bañaba ahí, pues no teníamos cuarto formal.

 Esas semanas fueron horribles, yo me estaba volviendo loco, por un lado por la cantidad de oxigeno que me pusieron y por otro el encierro en ese sitio de cuatro estrechas paredes y donde yo no sabia, si era de noche o de día, pues las luces intensas permanecían encendidas durante el día y la noche  y no había un reloj que despejará la incógnita

 Tres días después me llevaron a mi cuarto, junto con un cargamento de antibióticos , sueros y tubos por todas partes,  entonces pensé que aunque hubiera habido un reloj en aquel sitio, tampoco hubiera descifrado si eran las doce del día o de la noche y Martha siempre a mi lado.

Cedió la temperatura y nuevamente me volví a sentir mejor, ya estaba harto de, mi estancia en el hospital, Martha me daba ánimos diciendo que ya pronto saldría pero ya estaba hastiado en serio.

Al final me fui a mi casa a descansar un poco, de no hacer nada, pero lejos del hospital, estuve solo dos semanas mas pero se me hicieron largas,  Con oxígeno pues  ya tenía casi dos meses fuera del trabajo. Regrese a trabajar y mi jefe ya me estaba esperando.

Transcurrió un trimestre mas y se nos metió el gusanillo de volver a tomar otro crucero, que esta vez nos llevaría al Báltico, este fue un verdadero paseo, que realmente valió la pena, le traíamos muchas ganas, desde hacía bastante tiempo.

Recorrimos varios puntos y llegamos hasta San Petersburgo, en Rusia, grandes lugares que gente como yo, casi no los ve nunca, mas que en las postales, todavía recuerdo las cúpulas que parecen de dulce de la Iglesia de la Sangre Derramada. Fuimos a Dinamarca, Noruega y otros países del Báltico.

Sin embargo, ahora ya era tiempo de volver al trabajo, pensando que ya había perdido mucho tiempo, entre mis padecimientos y mis vacaciones, aún así todavía ese año fui a Chihuahua, Aguascalientes , San Luis Potosí y Pachuca visitando las edificaciones de casas en esos lugares.

DEL SUEÑO Y SUS PERIPECIAS

Regresamos a nuestra vida, casi normal y no se cuando empece a sentirme mal, pues  yo solo tenía sueño, pero este se fue acentuando poco a poco, el caso es que cada vez tenía mas sueño. Quizá nunca lo sepa, pero cada vez también era mas ineficiente.

Las ventas comenzaron a descender y el negocio ya no era tan magnifico como antes, las buenas relaciones del Director con algunos influyentes funcionarios del área inmobiliaria seguían en promesas y yo decidí dejar el barco,  y además porque cada día tenía más problemitas con mi salud, inclusive empecé a equivocarme al hacer algunos cheques, otra vez no tenía empleo, hable con él  Director y llegamos a un acuerdo económico, él era una persona extraordinaria en todos sentidos.

Solo que unos días antes salí a comer con Martha y un amigo de la oficina y su esposa, comimos en un restaurante del sur de la ciudad y a los postres, platicando de mis empleos anteriores, me preguntaron el nombre de mis socios, en uno de los despachos de contadores en el que trabaje y no supe contestar. Se me habían olvidado.

Nos regresamos a la oficina y esa noche mis amigos me llevaron al hospital,  pues yo me sentí mal para practicarme los primeros estudios, los hicieron pero no me quede ahí, Martha ya estaba en el hospital cuando yo llegue con mis amigos, esto solo era el principio de un largo camino descendente, que me llevaba  a un estado de demencia cada vez mas de prisa.

No tengo una idea clara, de que paso con mi empleo, o como termine pero en unos días deje mi trabajo, no sin antes de chocar de frente contra un poste y darme un sonoro golpe que afortunadamente no me produjo ninguna herida externa, aunque nunca sabré que tanto daño interno me produjo.

Entre tanto fueron sucediendo una serie de pequeños accidentes, más o menos sencillos , que afortunadamente no desembocaron en algo mayor o de consecuencias más graves, pero que hasta entonces no me habían sucedido , como las siguientes.

Ya en mi casa un día recuerdo que fui a cortar limones  y me agache a recoger uno del suelo y me caí al lado del tronco del propio limonero, pero ya no pude levantarme, quede boca abajo, con los brazos extendidos y las palmas hacia la tierra, debajo del árbol.

Empece a llamar a Martha, pero seguramente no lo hice con fuerza, porque recuerdo que la llame varias veces, sin que ella me oyera, hasta que se percato de mi ausencia y entonces ella fue al jardín , en donde me encontró y me ayudó a salir de abajo para incorporarme. – ¿Que te pasó ? – preguntó ella, me caí, le conteste.

Mi estado cerebral cada momento era peor, Martha me decía el mudo, pues cada vez le contestaba menos, Marilú, la esposa de mi sobrino, me recomendó con un experto en la materia el Doctor Avila Funes, Geriatra que me examinó y al que visitamos en varias ocasiones. Él me estudió, y me dio antidepresivos, pues pensó que mi sueños eran debidos a una depresión,después de varias entrevistas me envió a ver a una Psicóloga.

La Doctora Sandra, no recuerdo su apellido, Fue  muy gentil conmigo, la veíamos cada sábado para recibir cierta terapia de su parte, la terapia resulto inútil para el objetivo principal, pero sirvió para practicarme una batería de pruebas psicológicas que me desnudaron y me expusieron tal como era.

En las conclusiones, Sandra concluía, además de un daño cerebral, como consecuencia de este, mis facultades mentales estaban mermándose cada vez con mayor velocidad, aunque alababa mis facultades de expresión lingüística.

Deje a Sandra y sus valiosas conclusiones, pero el tiempo transcurría y yo cada día seguía haciendo travesuras, que gracias Dios, no tuvieron fatales consecuencias, pero a modo de ejemplo solo citare dos o tres.

MIS TRAVESURAS

Una vez saque sin permiso el auto deportivo que conservo y me lo lleve a dar la vuelta a la manzana pero al regresar a casa me detuve contra un árbol, que esta afuera de mi hogar, afortunadamente.

Otra vez en una visita al Sam’s, con mi mujer, ya casi al estar en las cajas con dos carritos  llenos de artículos para el jardín de fiestas que administra mi mujer, le avise que iría al baño, y me separe de ella y me advirtió que no me fuera a otro lado, el baño estaba prácticamente en frente de la caja en donde estábamos, pero Martha me perdió de vista y yo me salí del baño y no regrese a donde mi esposa. Ahí empezó el problema, Martha empezó a buscarme yendo a Servicio a clientes, para dar mis señas y advertir mi pobre estado mental, inmediatamente un grupo que hasta entonces, Martha no se imaginaba, de guardias, policías y personal administrativo empezó a buscarme, después de unos larguísimos minutos de cierre de puertas e intensa búsqueda allá lejos desde el fondo de la tienda aparecí caminando hacia las cajas, seguido muy de cerca por un guardia que no me tocaba pero no me perdía de vista hasta que llegue  a la salida donde

Martha a punto de llorar me esperaba.

La siguiente travesura fue en un parque cerca de mi casa, el Frida Kalho, Martha me dejo ahí para que caminara mientras ella iba a unos pasos adelante, a recoger unos análisis de sus ojos, nunca voy a saber que me paso, el caso es que me adentre en el parquecito y cuando Martha volvió en unos minutos, yo ya me había salido del parque y me encamine quien sabe donde. Ahí empezó de nuevo la búsqueda con policías, jardineros y todo el que pasaba por ahí.

Bueno hasta el hijo del mecánico que pasaba por ahí me empezó a buscar dando vueltas en su coche al derredor del lugar, a las quinientas, fui saliendo del fondo del parque, y por supuesto que no supe responder a la indagatoria de Martha, quien se limitó,a llevarme de nuevo a casa.

Otra de tantas ocurrió cuando fuimos a pagar un cobro excesivo del servicio de agua, yo me quede dentro del auto con todas las recomendaciones, de no bajarme del auto, pero las llaves del auto se quedaron dentro y no se cuando tarde en tomar el volante y echar a andar, cogí rumbo a quien sabe donde y no llegue a ninguna parte.

Martha salió pronto y por supuesto yo ya no estaba estacionado en donde ella me dejo, no recuerdo si se quedo sin teléfono, el caso es que no tenía el número del mecánico a que ella quería llamar, pregunto por todas partes, volvió a la oficina de Aguas, y ni rastro de mi persona ni del coche. Al rato aparecí manejando y arguyendo que me había perdido quien sabe si haya sido cierto, después del consabido regaño, pues no supe responder a ninguna pregunta, me llevaron a casa.

Otro día, me salí a la calle a caminar al derredor de la manzana, me puse unos tenis y me

Vestí con unos pants y me dispuse a caminar con la advertencia de no ir a ninguna otra parte, tome la acera y comencé a dar la vuelta, cuando lo hice apenas había dado unos pasos, cuando me caí  golpeandome en la frente, me caí al suelo y una persona que no supe de donde salió, me ayudo a levantarme, me dieron un vaso con agua y me pregunto donde vivía, le dije y se ofreció sin que se lo pidiera y negándose a dejarme ir  solo al llegar a mi casa y no se fue hasta que salió mi esposa a recibirme.

Las anteriores son solo algunas de las peripecias que me sucedían, porque yo seguí visitando doctores, hasta ese momento sin ningún éxito. Pues yo a cada instante seguía perdiendo mis facultades. Me pasaba las noches, o sentado y desnudo  en la cama bajo el ventilador o sentado en el retrete fingiendo que leía cuando solo hojeaba revistas, mientras mi mujer me llamaba repetidamente para que volviera a la cama y me durmiera.

Transcurrían los días de médico en médico hasta que uno de los neurólogos pensó que podía tener agua en el cerebro y que si era así,  el podría intervenirme y sanarme  en muy poco tiempo y mandó hacerme una enésima resonancia magnética para comprobarlo. Como no encontró nada decidió practicar un estudio, ahora con contraste. Al interpretarlo el radiólogo descubrió fístulas, creadas por algún acceso cerrado, y que él me podría intervenir rápidamente y devolverme la salud.

Cuando fuimos a visitar al Neurólogo que para estos efectos denominaré por facilidad No. 2, a enseñarle el resultado de mis últimos estudios con y sin contraste y al volverme a  practicarme la misma prueba que me había hecho seis meses antes, se percato que mis respuestas eran deplorables mucho más malas de lo que habían sido las anteriores.

LAS PRUEBAS

Y al ver los estudios y oír que el radiólogo del hospital de la competencia había dicho que él rápidamente me intervendría, al ver y oír lo anterior se levanto de su silla y nos pidió que le acompañáramos al consultorio de al lado mientras nos decía que su compañero era el mejor intervencionista de México, cuando el doctor vio los estudios y oyó el diagnostico, dijo- yo puedo intervenirlo y lo compongo de todo lo que tiene y solo quiero decirle que esto no es de rapidez, que lo de su marido no es una cosa sencilla, pero yo puedo hacerlo, solo somos 4 o 5 especialistas en esta materia, pero yo soy el mejor y tengo al mejor equipo para hacerlo- Martha aprobó su propuesta, entusiasmada al oír palabras tan optimistas.

El número 1 , inicio mi historia clínica y empezó por pedirle al número 2  los papeles que de mi tenía, al terminar de hacerlo, Martha le pregunto ¿ cuando lo haría ? – Espere un poco, estoy asistiendo a un congreso en París y vuelvo la semana entrante, entonces lo haremos.

Aquí de nuevo la espera y la angustia, mi salud se deterioraba a pasos agigantados, mi hermana Araceli me mando hacer una placa metálica con mis datos personales por si me perdía. Llego  de París y entonces al indagar la fecha de mi intervención el Dr. Cantú Brito (2) dijo que por favor lo esperaran que él quería estar presente, que iría Barcelona y que

regresaba en unos días.

Otra vez volvimos a esperar y Martha ya estaba desesperada, yo seguía haciendo travesuras, y ella y Adriana ya no sabían que hacer conmigo, yo cada vez hablaba menos y yo cada vez dormía más de día,  porque por la noche, dormitaba sentado en mi cama o en el baño y no era sino hasta muy entrada la mañana cuando iba a mi cama bajo los ruegos de Martha que me llamaba a dormir.

Todavía una vez más, el Doctor Centeno (1) nos pidió  que lo volviésemos a esperar, porque iría a Rio de Janeiro a un congreso pero que se llevaría mis papeles para estudiarlos (Después supimos que efectivamente se los llevaba).

A la enésima visita a los doctores  se decidió que al tercer día me internarían por «Urgencias» de parte del neurólogo número uno. Nos dieron un cuarto y nos instalamos con mis artículos de aseo y los adminículos de mi mujer.

EMPIEZA LA ODISEA

A las cuatro treinta de la mañana del otro día, llegaron los doctores por mi para llevarme al quirófano, como pudieron los camilleros me subieron a la camilla, pues yo era un peso muerto que no cooperaba para nada. Martha me vio desaparecer tras el largo pasillo, mientras rezaba, pues ella se fue por otro camino para llegar a la sala de espera de la sala de intervenciones, ella nunca había visto a tantos médicos juntos,  ni a esa hora de la mañana.

No habían pasado mas de unas horas, cuando salió un doctor para decirle a Martha que habían intentado colocarme una guía por el brazo, pero que se había tapado y que no podrían hacerlo por ese conducto. Que por ese día ya no me harían nada mas. Al cuarto de nuevo a esperar hasta la próxima intervención

Tres días después y otra vez a las cuatro y media de la mañana llegaron a mi cuarto los camilleros y las enfermeras, a recogerme para visitar el quirófano, en están ocasión solo fueron cuatro horas, y esta sesión también fue de estudio, pero ahora la intervención sería introduciendo una guía por la femoral, por medio de una gran aguja. La guía contendría una serie de instrumentos quirúrgicos micrométricos que serían manejados desde fuera por los médicos que trabajarían dentro de mi cerebro componiendo todo lo descompuesto, pues mi problema era una trombosis cerebral venosa, que como consecuencia había provocado el desarrollo de una serie de fístulas que estaban llevando la sangre a todas partes, menos a donde debían, unos rayos x muy especiales escudriñaban por fuera mi cabeza, para que los doctores desde fuera,  hicieran lo que tenían que hacer sin tener la necesidad de abrirme, para lograrlo.

Esta segunda intervención fue de exploración, fue muy exitosa, pues permitió a los doctores conocer cual sería el campo de su siguiente  intervención. , sin embargo tampoco esta vez terminaron. Hubo necesidad de esperar un día más y al tercer día y otra vez a las cinco de la mañana fueron por mi. Esta vez mi esposa no se quedo con las ganas y pregunto el porque de la hora, y le explicaron que como los doctores trabajaban en el gobierno y tenían que entrar mas o menos temprano a su trabajo, en el que hacían algo mas o menos igual a lo que hacían aquí, solo que allá los pacientes pagaban muy poco y casi nunca lo hacían las compañías de seguros.

ARRÁNCAME LA VIDA

Una noche nos fuimos a dormir,  pues a mi la televisión no me importaba para nada, pero para Martha si era indispensable descansar un poco viendo los programas nocturnos, mientras yo me dormía. Al cabo de un rato ella también cerro los ojos y se quedo dormida o dormitando porque el ir y venir de las enfermeras la despertaba a cada rato. Y en una de esas abrió los ojos y vio la cama vacía, yo me había levantado arrancándome los tubos de los sueros y las soluciones que me inoculaban, dejando solo un rastro de sangre  de mi cama al baño.

Martha empezó a dar voces llamando a las enfermeras, que pronto vinieron a colocarme de nuevo todo en su lugar, Esa noche ella tomo una decisión, contrataría a una persona que la ayudara a cuidarme pues yo no podía quedarme solo ni un minuto.

La cosa no  paso a mayores pero hubo necesidad de volverme a poner el catéter de nuevo, mis venas no eran muy buenas y hubo necesidad de pincharme en varias ocasiones. A partir del día siguiente tuve un cuidador de planta que me acompañaba al baño y a todas partes.

A LA TERCERA NO VA LA VENCIDA

Todavía no cantaban los gallos cuando Martha abrió los ojos desde la cama de al lado, de la que nunca se separaba, cuando llegaron las enfermeras del turno nocturno y con la ayuda de los camilleros me llevaron de nuevo al quirófano para la tercera intervención, me colocaron de nuevo la aguja en la femoral y tras la aguja la guía, que pronto contendría los instrumentos necesarios.

La dura faena empezó ajustando el aparato de rayos x a mi inmóvil cabeza, que desde este momento no se movería ni un milímetro, mientras otros doctores me aplican por medio de una máquina, la anestesia necesaria para varias horas, en segundos mis ojos empezaron a dar vueltas y yo estaba perfectamente dormido y amarrado a la mesa de operaciones con la pierna realmente inmovilizada, para que la larga aguja no se moviera- Si se mueve y la aguja le pincha la femoral no hay manera de salvarlo, se desangra en dos minutos  – habían dicho los doctores.

Otra vez mi familia, encabezada por Martha y por Adriana, mi hija quien también nunca se dio por vencida, y no se resigno nunca a que yo quedara incapaz. Después de seis horas, sudorosos y cansados aparecieron los doctores despojándose de sus batas, para dar un informe de lo sucedido – Ahora si ya sabemos sin duda, que tenemos que hacer y por donde hacerlo -¿ Y cuando  volverán  a intervenirlo ? Pregunto Martha. -Mire señora  váyase a su casa y regrese en cuatro días. – No doctor, yo ya no me muevo de aquí.

Yo considero, -tercio el Doctor número Dos que la señora tiene razón. Si no tienes inconveniente podrías hacerlo antes – Bueno,  de acuerdo, lo haremos pasado mañana.

Esta vez regresamos al cuarto y a esperar de nuevo.

Otra noche más de vigilia, y de angustia, otra noche de largos pasillos, de rezos y súplicas por mi recuperación

Hace muchos años quizá mas de cincuenta, Martha y yo decidimos querernos siempre y envejecer juntos, hasta ahora se nos esta concediendo, tenemos los mismos años de no pelear entre nosotros, pero esta vez, ella fue mucho mas allá del deber y se porto como un ángel, dejo de dormir, y comer y nunca se separo dé mi para nada.

YA CASI LLEGAMOS

De nuevo al alba, camilleros y enfermeras fueron por mi, para prepararme y llevarme al quirófano, de nuevo la gran aguja  y los instrumentos dentro de la guía, los monitores encendidos y todos en sus lugares, no cabe duda de que esto es el milagro de la tecnología y en mi caso las manos de los doctores y de Martha, quien de nuevo esperaba rezando. Al concluir la cuarta intervención, le había preguntado a uno de los neurólogos cuanto tiempo tardaría en recuperarme, ¿En cuanto tiempo se enfermo? -pregunto el doctor- Mas o menos año y medio, contesto mi esposa. -Pues el mismo tiempo tardara en recuperarse dijo el doctor.

Seis larguísimas horas transcurrieron y dos mas en recuperación antes de que me llevaran de nuevo al cuarto. Era las trece horas y yo me mantuve dormido  prácticamente todo ese día. Martha rezaba y pensaba que me lo quiten, o que me lo dejen como estaba, como de costumbre, ese día también tuve muchas visitas. Llego la noche y yo permanecía dormido, Martha pidió como de costumbre que le prepararan la cama de al lado y después de ver las noticias, se dispuso a dormir.

Al otro día a las ocho de la mañana habían transcurrido veintiuna horas desde que termino la intervención, yo empece a hacer algo con mis manos, que parecía inteligente, algo como oponer mis índices y mis otros dedos uno por uno, cuando Martha me vio, me preguntó ¿Que haces? Y  le conteste estoy jugando con mis dedos, pero tápame los pies porque tengo frío, en ese instante se levanto y se me quedo mirando y me dijo hace mucho tiempo que no me hablabas tan de corridito, me tapo y empezó a preguntarme ¿en que lugar nació tu papá? ¿ En que lugar nació tu mamá ? ¿cuantos años tienes? Y otras preguntas que yo debería saber. A todo lo que me pregunto le respondí sin titubear y con exactitud, ¡ Estaba recuperado! .

Todavía nos quedamos en el hospital por dos semanas mas, después nos fuimos a casa pero al segundo día en casa me encendí por instantes y para la media noche la temperatura  alcanzó los cuarenta grados, le hablamos a los doctores, quienes dijeron que a esa hora me bañara con el agua mas fría que soportara y que una vez duchado regresáramos al hospital.

ENTRE MÉDICOS Y ENFERMERAS

Llegamos como a las dos de la mañana y a » Urgencias » de nuevo ahí ya me estaban  esperando, de nueva cuenta me instalaron un catéter en el brazo, para que me suministraran, una batería de barbitúricos, sacarme sangre y prepararme un análisis para  conocer, que clase bichos me estaban atacando.

Cuando la temperatura cedió, me quitaron el catéter y me dosificaron los antibióticos por vía oral, y así transcurrieron varios días mas hasta que llegaron los antibiogramas, unos estudios que encuentran a los bichos y a la medicina que los ataca. Una vez con el antibiótico específico, los bichos cedieron, y la temperatura también se fue. De nuevo a casa.

Al practicar los análisis descubrieron que tenía la próstata agrandada y que después de consultar al urólogo, determinó que había que extirparla, pero que no me preocupara porque ahora existía una técnica nueva, con rayo láser verde, con lo cual no sería necesario, ni siquiera pasar por la uretra, ya que el dichoso rayo la absorbía sin hacer ninguna incisión, dos días después, una vez preparado, me llevaron al quirófano por enésima vez.

Ahí me anestesiaron de la cintura para abajo, me pusieron en posición fetal y me inyectaron por la columna hasta por dos veces, unos minutos después, el doctor me ordenó, – Mueva la pierna derecha- lo intente pero sin éxito, fue una sensación rarísima, porque aunque mi cerebro ordenaba, el movimiento no se ejecutaba. Estaba totalmente insensible de la cintura hacia abajo.

Encendieron unas luces raras y me colocaron unos anteojos color naranja e iniciaron un especie de escaneo sobre mi bajo vientre desnudo con algo similar a un mouse, y luego se detuvieron en un punto con movimientos mas cortos, veinticinco minutos después, encendieron las luces normales de nuevo. Entonces le pregunte al doctor que cuando iniciaría la operación, a lo que me contesto diciendo -Ya terminamos , todo salió muy bien, ya no tiene usted próstata, la hemos absorbido, váyase a su cuarto,ya terminamos-.

Creo que con motivo de la operación me pusieron una sonda y me mandaron a mi casa. Al quinceavo día me la quitaron y ya me regresé a casa sin ella, el doctor  dijo que si yo orinaba sin problema no sería necesario volverla a instalar, pero dos días después al no poder ir al baño decidieron volver a ponerla. Otra vez con ella las funciones eran normales pero me molestaba mucho.

UN ACTO DE MAGIA

Unos días después con la sonda puesta y hacia la madrugada, note que no bajaba la orina y comencé a experimentar un dolor que se incrementaba por minutos, hasta que no pude aguantarlo, sentía que me moría y empece a temblar y a dar de brincos, llamamos al doctor y nos pidió que fuéramos al hospital  a esa hora. Martha soñolienta, pues  no la había dejado dormir, tomo lo primero que encontró y yo con pants sudaba frío y me subí al coche con ella rumbo al hospital.

Llegamos a «Urgencias, yo rabiaba, gritaba y me revolvía de dolor estaba exhausto y maldecía, ninguna ocasión había experimentado algo igual. Me acostaron en una camilla y me desnudaron poniendo una bata, en seguida llego una señorita doctora que inmediatamente me dio un calmante y empezó a tratar de destapar la sonda, que estaba obstruida por un coágulo, todo sin resultado, el dolor se hacía mas grande a cada momento, yo me retorcía de dolor, en eso llego el doctor que me había operado y sin quitarse el traje, ni la corbata, ordenó – Desnúdelo y usted refiriéndose a mi haga solamente lo que yo le diga,  respire muy despacio inhalando por la nariz y exhalando por la boca-. Apenas había terminado la segunda exhalación, salió un chorro de orina con el ímpetu de una fuente y desapareció el dolor como por acto de magia.

ACCIÓN DE GRACIAS

Mas de dos meses después, yo no conocía al doctor No.1 Marco Antonio Zenteno, pues  cuando él me conoció yo estaba realmente enfermo y no tenía la menor idea, siquiera de su cara así que empecé a buscarle para conocerlo y darle las gracias. Intente hasta en tres ocasiones hacer una cita para reconocerlo, hasta que la logre, una tarde, llegamos Martha y yo hasta su consultorio, apenas llegamos nos recibió y una vez dentro de su consultorio Martha inicio el motivo de nuestra visita y yo continué dándole las gracias, pero antes de que yo terminara, me interrumpió diciendo- Esperen un momento, primero venga conmigo, me tomó del brazo y me llevo al consultorio contiguo, para que viéramos al doctor No. 2 el doctor Cantú Brito, a quien ya había yo visto unos días antes, para decirle ! Mira quien esta aquí, y mira como esta !.

Salimos del consultorio ajeno y nos dirigimos al suyo cuando pasaban por ahí tres personas  a las que él llamo para que oyeran.- Miren esta es mi obra maestra, aunque tuve un ayudante, dijo dirigiendo la mirada a una imagen de JESUS y enjugando algunas lágrimas le mencionó a su esposa( Después supimos que era su esposa ) no sabes que complicada intervención, casi veinte horas de quirófano, pero ahora puedes verlo totalmente recuperado después de solo dos meses y hoy ya se vino manejando su propio automóvil-. Con ese ayudante  cualquier cosa puede hacerse.

EL AMOR DE MARTHA

Martha se sabía el camino de la casa al hospital y viceversa, ya sabía donde estaban cada uno de los baches,  por donde debía ir para evitar los congestionamientos y ya llegaba a todas partes, como a su casa, no teníamos servidumbre de planta y ella tenía que hacer toda la casa, hasta hacía unos días, se levantaba a las cinco de la mañana a barrer la entrada y el pasillo que se llenaba de hojas de los árboles se levantaba cuando yo accedía a acostarme, seguía planchando la ropa  y haciendo otras cosas necesarias en la casa.

Además de atender el Jardín de fiestas que administraba desde hacía un tiempo, comprando los alimentos necesarios, para satisfacer los requerimientos de los clientes que a veces salían de lo normal. Y para continuar con sus actividades atendía algunos requerimientos de Adriana y su hija, mi nieta que ya iba a la guardería porque ni su madre ni ella, podían atenderla por una buena parte de la mañana. Y la cereza del pastel que era mi vigilancia y cuidados que me prodigó por tanto tiempo, ya que me bañaba, me vestía, me rasuraba, y sobre todo, no me perdía de vista ni un minuto, ya que cada día me volvía mas travieso, por no decir irresponsable e incapaz de responder, por los mas nimios detalles de mi vida, cualquier parecido con un Ángel  es mera coincidencia.

Desde aquí y desde siempre no me cansaré de dar constancia, de ese infinito amor que derramó en cada uno de sus actos para conmigo.

GRACIAS

Vaya mi reconocimiento y eterna gratitud  por la tecnología en manos de los maravillosos médicos que me atendieron y lograron restablecer mi salud y mis facultades, así como a Martha por su incondicional amor, por su persistencia, y gran capacidad para tomar sabias decisiones trascendentes, por su energía, por su falta de resignación  a aceptar lo que parecía inevitable. Y a DIOS por su infinita bondad y por oír las intercesiones de su bendita Madre a quien rogaron mis familiares y mis múltiples amigos que esperaban mi recuperación.         

                GRACIAS A TODOS

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